Pinballs: Una pasión que cruza generaciones y fronteras

El equipo de Korol en el aire dialogó con Marcelo Blanco, reconocido restaurador y coleccionista argentino radicado en Jaén, Andalucía, quien organiza actualmente un museo de pinballs y videojuegos de gran escala. Con 55 años, Blanco es considerado una autoridad mundial en la recuperación de estas piezas mecánicas que marcaron la infancia de varias generaciones.

Respecto al funcionamiento, el experto desmintió mitos populares sobre las máquinas y su supuesta manipulación. “O jugás bien o jugás mal; no es que tengan un imán, es un juego de habilidad”, afirmó sobre la validación técnica que permitió legalizar estos juegos en el mundo.

En su actual proyecto en España, Blanco trabaja curando una de las colecciones más importantes de Europa. “Aquí en Jaén están empezando a armar el museo… me llamaron para poder diagramar un poco todo eso y curarlo”, detalló sobre su labor profesional en la región.

El restaurador defendió la experiencia analógica frente a los simuladores modernos que existen en consolas. “No hay nada contra lo que es la mecánica física de la máquina jugando y el reto de estar jugando contra la máquina; eso es un plus”, sostuvo sobre la mística del juego.

Sobre el valor actual de estas piezas, señaló que la alta demanda internacional ha disparado los precios. “Una máquina nueva hoy está entre 8 y 15.000 dólares… un Adams Family restaurado hoy no baja de los 10.000 dólares”, precisó sobre el mercado de coleccionistas.

Explicó que la industria actual sobrevive principalmente gracias a los grandes éxitos de la cultura pop y el cine. “Cualquier máquina que le ponga una licencia la tengo vendida: Transformers, Star Wars, lo que se te ocurra”, mencionó sobre las estrategias de las fábricas.

Su pasión nació de la curiosidad técnica cuando apenas era un adolescente en Buenos Aires. “Compré un pinball a los 14 años e investigaba cómo funcionaba ese aparato tan misterioso que era todo electromecánico, con relés y bobinas”, recordó sobre sus inicios.

Blanco destacó la relevancia histórica de España dentro de esta industria global, siendo un polo fundamental de producción. “España puntualmente es el segundo fabricante mundial de pinball… empezó a fabricar porque Franco no permitía importar nada”, reveló el especialista.

A pesar de la distancia, describió la escena argentina de coleccionistas como un mercado sorprendentemente activo. “En Argentina hay un mercado… hay más de una persona que tiene más de 100 pinball en su casa aunque no pareciera”, relató sobre la pasión nacional.

Finalmente, definió su trabajo como una forma de preservar objetos que trascienden el mero entretenimiento. “Es un objeto bello más allá de que sea divertido jugar… la estética y el aparato encendido son un espectáculo de ver”, concluyó el restaurador.